Piedra líquida, y la ficción del progreso

elagua

Las palabras son imágenes. Piedra líquida podría ser fuego, magma que brota de las entrañas de la tierra petrificando todo a su paso. Piedra líquida podría ser cemento, polvo que fundamenta la ilusión de la modernidad. Piedra líquida es una exposición, dispuesta en medio del bullicio y el concreto que tiene lugar en el centro cultural Gabriel García Márquez, apología a los símbolos, a un material como el cemento que mezclado como uno más de nosotros, construye toda la ficción del bien-estar. Fruto de la investigación plástica llamada Materia gris, la exposición lleva un lenguaje para quienes han seguido de cerca este “proceso de experimentación y lectura” del material y sus “posibilidades poéticas y lingüísticas”. A los demás, los desprevenidos que pasamos por ahí, nos queda conjurar lo que se ve y el lugar donde está: una mole realizada bajo la técnica de ladrillo y concreto a la vista ideada por Rogelio Salmona.

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Las obras de Felipe Arturo y los proyectos invitados de la galería, (detector, antítesis y documental) manejan el gris espacio del centro cultural acoplando las piezas a este de una manera que parecen puestas ahí desde siempre, como parte de ese lugar que podría estar cayéndose a pedazos o a medio terminar, estas intervenciones, dice Arturo “exploran un relato divergente, que por momentos se acoquina en la arquitectura vernácula y otras en su alquimia antigua y desconocida, para también aterrizar en las ruinas de la arquitectura moderna y las banderas, tristes, del progreso. Si existiera una línea para seguir esta exposición sería encontrar el agua, por su ausencia.” Aunque agua hay, contenida en un vaso. La exposición es un saber articulado en códigos, mapas, esquemas para quien los sabe ver, partes de un rompecabezas mayor cuyos objetos responden a una misma forma fragmentaria.

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En la plazoleta, un pozo solido que olvidamos está ahí, la obra “la barca de Lambot” recuerda al inventor del hormigón armado mientras naufraga en una laguna de concreto. En la entrada, como una herida abierta de las estructuras, “maqueta” dibuja en esencia lo que en apariencia no vemos, acero y hormigón. Mezcla de cemento con café, azúcar, sal, jengibre, entre otros “Mosaico” es una muestra de combinaciones y posibilidades de jugar acaso con los colores prototípicos en la construcción. Paleta disonante que arriesga alternativas aunque no lleguen a ser vistas.

Como un inmenso mapa, el “detector de procesos artísticos” es una pieza criptica de líneas, diagramas, guantes, bolsas y demás elementos que un arquitecto, un ingeniero determinado o en este caso, un grupo de artistas interpretan cual músico leyendo una partitura. La primera impresión es ver unas cosas ahí, pero más allá de eso hay esquemas, todo el entramado del hacer y el saber, todo aquello dispuesto a la creación potencial, a la fuerza contenida de unos elementos prestos a la construcción de lo allí impreso, formas sin ser actos. Es una obra de varias piezas que se deja recorrer y forma parte de una estructura superior, una estructura de orden social. Sus elementos son piezas de una realidad mimética que apenas si determinamos. El cemento es parte de la cotidianidad, es “nuestro último ropaje, frío, dúctil y omnipresente, esta roca articulada permanece encima y debajo de nosotros, alrededor. A pesar de esto, nuestra mirada y nuestro tacto pasan por encima de la textura del cemento sin verlo y sin tocarlo, asimilándolo con frío y desgano. A veces, nuestra vista acostumbrada se ve interrumpida por un par de hierros, una construcción inacabada o un polvo gris disperso, y entonces pensamos: es el cemento.” Vivimos en ello y no lo vemos, como peces que no saben del agua.

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La instalación “Antítesis” por el contrario es movimiento. Dos pantallas, estibas, reproductores de vídeo, cemento y unos zapatos de yeso con los que aún se puede caminar, recrean a la ilusión de la memoria. En una pantalla, un cajón que no termina de llenarse con cemento juega con el tiempo de fraguado del mismo; en la otra una persona camina con dos bloques de yeso en los pies que paso a paso se van desmoronando, en esos zapatos allí presentes, tal como los zapatos de van Gogh que son ya un lugar común, está latente el movimiento que los ha convertido en lo que son, zapatos de yeso a medias, con la jornada a cuestas y el olor del asfalto presente en cada uno de sus pliegues. Al fondo de ese piso, en un rincón que dificulta el audio y visibilidad (por lo menos ese día que fui) está el documental “fragmentos del documental La Siberia” del que sólo puedo decir lo que leí “permite entablar un diálogo con la historia del cemento en Colombia y su relación con el entorno de la sabana de Bogotá”

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Y ahí, como una cariátide que vigila la morada del progreso, el hombre de azul que mira el paso del tiempo sobre las “piedras gemelas” ve una roca y la reproducción de la misma sobre un par de estibas de madera que bien podrían estar en cualquier construcción siendo acaso más útiles que en el centro cultural, donde son para la contemplación y el goce, no de la belleza porque allí no se trata de eso, sino de la inteligibilidad de la idea, de lo que un símbolo representa y todo lo que este forma, nos demos o no cuenta está ahí, como una forma del capital que lento pero sin pausa hace una idea de sociedad, dando donde vivir y vendiendo donde morir. Pero mientras eso llega y sin ser fatalistas, se puede ver en la obra “practica de cemento” una reproducción de las condiciones de una caseta de obra en la que se guardan elementos o planean las construcciones futuras como las del “pilote entorchado” un poste doblado cual pedazo de plastilina, tirado en medio del camino, arrojado por un niño que una vez lo tuvo, ya no lo quiso. Esta muestra es un acercamiento a espacios que vedados, generalmente soportan el sueño y despertar de cada día, son visión de otra realidad que paradójicamente es la cotidianidad que nos cobija. Entender como funciona y se construye el lugar donde las personas moran, garantizaría al menos como lo creía Heidegger  que “sólo si somos capaces de habitar podemos construir”

 cASeta

 

 

Luis Felipe Vélez

Bogotá, Octubre 2013

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