Camino al Cielo (o al Infierno)

Por David Martin

Una de las prácticas más comunes en la antigüedad era la de enterrar a los muertos con sus posesiones terrenales, que iban desde pertenencias personales hasta mascotas y sirvientes. Pasaba en civilizaciones desde la egipcia o la quimbaya, así como la momificación en culturas como la maya, inca y chibcha; esto se hacía, en parte, por la creencia de una vida eterna después de la muerte. Aunque los ritos funerarios evolucionaron desde la prehistoria, el imaginario colectivo del final de una existencia pretende indicar que es sólo el principio de un nuevo viaje.

Partamos desde dos ideas que sugieren lo que ocurre después de la muerte, una que es cíclica y la otra, lineal. La cíclica, que generalmente es atribuida a religiones orientales, indica que una vez el alma abandona el cuerpo, ésta regresa habitando otro tipo de organismo. Se habla de un proceso de evolución como de retroceso; es decir, que un humano puede reaparecer en animal o viceversa, inclusive en plantas u objetos inanimados. La encarnación es volver a existir en la tierra, como ejemplo tenemos la figura del Dalai Lama, líder espiritual del budismo tibetano, proceso que ha pasado desde el año 1391, fundado netamente en el misticismo y con cero bases científicas.

El concepto de lo lineal determina que el alma va a un lugar diferente al terrenal. Las tradiciones occidentales establecen la llegada a un Cielo o a un Infierno, de acuerdo a las acciones realizadas durante la presencia de una persona en la tierra. En Egipto, estos hechos se calculaban en el Juicio de Osiris, un evento donde el corazón del difunto se colocaba en una balanza y de acuerdo a las indagaciones de un jurado de cuarenta y dos dioses, éste subía o bajaba de peso. Si su peso era mayor al de una pluma, el muerto era condenado a ser devorado por Ammyt, ser mitológico con cabeza de cocodrilo; por el contrario, si era menor, el fallecido podía entrar a Aaru. Para los griegos y los nórdicos, era aún más difícil, ya que, alcanzar el Elysium o el Valhala, los equivalentes del paraíso de estas dos mitologías, constituía haber efectuado actos heroicos, morir en batalla o ser dignos del favor de los dioses.

Con la expansión de las religiones abrahámicas: cristianismo*, judaísmo e islamismo, las restricciones para alcanzar el Cielo se redujeron, permitiendo que la moralidad y el seguimiento de las reglas impuestas desde la tradición, fueran los indicadores que sirven para medir si se logra o no la recompensa de la vida eterna en ese lugar perfecto después de la muerte. Aunque muchas de estas prohibiciones son peculiares, como trabajar el día de descanso, consumir ciertos tipos de carne o inclusive vestir ropas de colores, pueden ser causales de castigo y son sancionadas en el infierno, una zona donde predomina el caos, caracterizada por condenar las penas de una vida fuera del canon de la bondad y de las costumbres apropiadas.

El cielo y el infierno, Octave Tassaert (1850)

Hay otro concepto intermedio y es del Purgatorio, sitio que permite el saneamiento del espíritu, ya sea para limpiarlo de ciertos pecados o como un paso obligatorio de reflexión antes de alcanzar el Cielo. Es de mencionar, que la salvación de las almas que allí habitan radica en las oraciones de los mortales o el poder de Dios para purificarlas.      

¿Cómo saber que hay más allá? Parte de la respuesta tal vez esté solucionada. Desde diversos campos se ha estudiado a personas que narran sus experiencias cercanas a la muerte (ECM), ya sea porque entran en coma o retornan a la vida después de estar al borde de dejar este mundo. Los relatos son similares: llegan a un espacio agradable donde son recibidos por uno o varios familiares, por entes religiosos (Cristo, Buda o ángeles) e inclusive formas no humanas semejantes a extraterrestres; también hay una luz brillante, olores agradables y hasta música. En la mayoría de las veces, escuchan que no es su momento y deben regresar. En pocas oportunidades, pasa lo opuesto, no siempre las experiencias son positivas y la persona puede encontrarse con seres oscuros o hallarse en un vacío, generando traumas una vez vuelven.

Este tipo de evento les modifica la vida terrenal y entre los cambios que acontecen están tener más contacto con la espiritualidad, aumento del cuidado físico, renunciar a un trabajo, comenzar proyectos personales, entre otros. Algunos van más allá y dicen haber ganado habilidades especiales como prever sucesos futuros, traer mensajes esperanzadores o hablar con espíritus. La literatura sobre este tema es amplia y no sólo se encuentra en tabloides o lecturas fantásticas, asimismo, en informes médicos.

La ciencia ha tratado de seguir el rastro, pero los resultados han sido nulos o poco concluyentes, además de ser complicado establecer parámetros y saber en qué momento una persona se encuentra recorriendo este camino o si un paciente en coma esté en esta situación particular. Quizás se pueda explicar que este fenómeno es una alucinación de la mente, o es un reflejo propio del cerebro a punto de apagarse, o una ilusión previa a un estado sin las condiciones biológicas para mantener un cuerpo, así que esta serie de imágenes son recordadas por aquellos que logran salir de este tipo de trance y son relatadas como experiencias metafísicas. Pero entraría otro misterio y es el rol de la conciencia, su relación con el alma y nuestra visión de mundo con respecto a la realidad, nuestras creencias y sentimientos. Es algo que posiblemente, vaya más allá de un entendimiento lógico y racional.

*Son incluidas acá, sus diversas variantes y ramificaciones.  

Bogotá 2022

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