La especulación del archivo en el dibujo de Diego Hernández

Por: Luis Felipe Vélez

Con detalle minúsculo y minucioso, Diego Hernández traza con la linea de sus dibujos las realidades construidas por los referentes de un contexto, pero impulsadas por el ímpetu de su imaginación especulativa que da vida a momentos y espacios rotos por la distancia, el olvido y el tiempo. Su obra se enmarca en el oficio del archivo, de quien cuida, conserva y preserva, de la colección, de quien busca y a su vez encuentra. Cada fotografía hallada, periódico, estampilla, cada pieza realizada, es fruto de la investigación del entorno, de un trozo de historia contada más allá de los relatos llamados oficiales, de los relatos de quien gana, para especular por medio de las imágenes aquello que tal vez sucedió.

De la serie Subrepciones
De la serie Subrepciones

Hernández no fue testigo de esos hechos que narra con su trazo, no conoce más allá de lo que se ve en la imagen, sin embargo la composición, el orden de los elementos, la sutileza de las horas invertidas, brindan un escenario tan complejo que parece que así fue dado, que todo cuanto vemos así es, porque somos parte de una historia compartida, de unos hechos vividos en los cuales podemos identificarnos. En su obra está presente de forma constante la fragilidad del material y el tiempo, en las piezas que ha dibujado varias veces en las paredes de museos y galerías de las cuales no queda sino el recuerdo, el registro de lo que fue hecho y la experiencia de quienes vivimos su trabajo allí, en un espacio que no parecía, una grieta que apenas se percibía, pero que surgía desde el fondo con el poder de tumbar todo el edificio.

De la serie Inmemoriam
De la serie Inmemoriam

Su obra va más allá de lo formal, más allá del grafito que vemos condensado como una Montaña para jugar con los conceptos, alterando los relatos, las narraciones que subyacen a lo oficial como en Subrepciones, una serie que trabaja a partir de su interés por la filatelia y la manera como ésta es en sí misma una forma de relato, un trozo de papel que conmemora algo para no dejar que se olvide, que un momento efectivamente ocurrió. En ese sentido su trabajo con el dibujo se asemeja a la volatilidad de la memoria, con aquello que se borra y no queda huella, de las voces que se acallan, de los hechos que no se cuentan. Sus obras son tan efímeras como el recuerdo que necesita aferrarse a algo para perdurar, para permanecer.

De la serie Nos van dejando las cosas

Lo que se sabe no es concreto y en ese sentido se especula con ello, como en Maqueta para el progreso, una obra que Hernandez trabajó no como dibujo, sino como una escultura en harina de trigo en la que construyó la maqueta de una ciudad que se resquebraja desde su base para desmoronarse, para irse cayendo al andar, como en el poema soledad de Rafaél Maya que inspira la serie Nos van dejando las cosas “Nos van dejando las cosas/ que al prolongarse,/ se quiebran,/ y otras, las más, desaparecen/ a la mitad del camino.” Este sentido de vacuidad constante, posibilita que Diego se inserte dentro de la narrativa para ser él quien ha vivido, para dejar un registro que empieza a ser, como en Inmemorian, donde aborda aspectos que circundan lo fotográfico y se relacionan con esa suposición, con la experiencia del artista y la forma como puede jugar con ese relato que entendemos de lo real, eso que parece, pero no es.

De la serie Nos van dejando las cosas

Diego Hernández imita la realidad para fabricarla, ofrece visiones de mundo que son posibles mientras las creamos, tal como confiamos en nuestra cotidianidad y en las acciones que hacemos día a día. En su obra la imagen se expande más allá del objeto que da motivo a la reflexión, transforma el concepto y se enmarca en el terreno de la ficción, donde asalta lo conocido según las formas que él desee, modificando, alterando el recuerdo, siendo cuando no era él, recreando deliberadamente el pasado, presentando la fugacidad del fenómeno reinventado.

Tal vez todo lo que conocemos sea como decía Nietzsche, una mentira vuelta verdad*.

Cali, 2020

*Friedrich Nietzsche, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral

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