Antonio Caro, Soliloquio.

Por: Luis Felipe Vélez.

A Caro lo vi muchas veces, en la calle, en los museos, en la televisión, en el computador, en una conferencia, estando por ahí. Mirando a la nada, en el horizonte que hacía a cada paso que daba, en cada recorrido midiendo las calles de cualquier ciudad donde estuviese. Nunca le pedí una foto, todo me da pena, hasta las palabras que aquí ahora se tejen, casi que se frenan. Su muerte hace un mes fue una extrañeza, algo que no se espera, su obra, que habita y mora diferentes hogares, galerías y museos, se extiende en el tiempo, más allá de los titulares, siempre todo estará muy Caro, en Quito, en Colombia, donde estuviese, la realidad se presentaba tan frágil que su trabajo se perpetuaba casi inalterable con el pasar de las décadas, y extendiéndose,  fue, es y será un artista, el que haya muerto no borra su talento, aunque no tuviera formalmente un título, un papel que certifica algo que la experiencia también brinda. 

Las palabras atan, amarran los conceptos y traen signos que pueden ser según Saussure arbitrarios o convencionales, asignados por el vox pópuli o determinados por la cultura, la tradición y el hábito. La publicidad en el día a día nos alimenta con valores que disfrazan la verdadera intención, así una bebida significa familia, una sopa el calor de hogar y una cerveza la amistad. Cada estímulo condicionado es trabajado por los significantes lingüísticos aquellos que “Exponen el significado de las imágenes o sonidos que aparecen en un anuncio. Utilizan ampliamente recursos como juegos de palabras, asociaciones, comparaciones, etc.”  Una marca se puede considerar como un significante de este tipo, aquel cuyo valor radica en transformar las conductas y generar un deseo frente al consumo. La obra de Caro va al núcleo de esta relación semántica vinculando los contextos, alterando los logos, generando nuevas formas de comprender la cotidianidad que nos rodea.

“De acuerdo al Modelo Binario de Roland Barthes, la imagen publicitaria consta de dos sistemas semiológicos: La imagen denotada: se refiere al contenido explícito que proporciona la imagen. Es una lectura literal de la imagen con base a los elementos y personajes que se presentan y, La imagen connotada: se refiere a mensajes no explícitos que aparecen en una lectura más analítica de la imagen. Es una interpretación que realiza el lector de acuerdo a sus perspectivas e interpretaciones.”

Achiote.

Achiote – 2001

Achiote, Annatto, Onoto, Bixa Orellana. En cada vereda, en cada montaña, en las vías que circundan, en las calles donde todo se cruza. Una marca frente al estímulo, los nombres que se desbordan, la idea que se renombra. Adams de yerbabuena, de menta, de cardadamomo, de frambuesa, Adams que te mastico Adams, Adams que vienes de la Manilkara zapota, chicozapote, ácana, níspero o chicle. Adams que compartes la familia botánica del Achiote, usado como pigmento, cosmético, adobo desde los tiempos de Abya Yala, tradiciones perdidas por una multinacional que de a poco todo maquina, en una mascada, en el chicle, en la planta, cada mascada trae o aleja lo original, Achiote de los tiempos lejanos, Achiote que no te veo, que no me acuerdo, que si te veo, que no te reconozco, que donde están los Adams que esos si sé cuales son.

Colombia 1976

Coca-Cola

La chispa de la vida, destapa la felicidad, nuestra cultura imperceptiblemente, como en un proceso de sedimentación se va vendiendo, se convierte en algo que surcó las fronteras ancestrales y hoy mora junto a lo tecnológico, frente al desborde de la información. Nuestro país es heredero de masacres perpetradas por nuestra mano, con nuestro dinero o acaso extranjero, las grandes empresas con la bandera del progreso alteran la conducta y normalizan el trabajo sistemático, mecánico de la población que se subordina frente a nombres o esperanzas en las cuales creer.  Coca Cola es una empresa cuyo legado se arraiga a nivel global, sin importar los mecanismos, las formas o lo que deba de pasar. Las fuentes naturales son presa del intercambio del capital, se vende el agua, el árbol, la tierra, el manantial, manantial manantial, rica agua manantial, tiene agua manantial?, el agua de la vida? a cuál holding se deben los páramos vender? ¿A quien falta algo por entregar? algún recurso para feriar? Colombia vuelta una Coca Cola, una mercancía que se consume, se vende, un territorio que se regala, el petróleo que se desborda, el algodón y la caña que bota, se desperdicia para no dar, y si es necesario, la vida de las personas también se pueden entregar, como los sindicalistas muertos desde hace 50 años en este país que se denuncian y se persiguen a su vez las denuncias. Un nombre dice algo más que la forma de sus palabras juntas, tiene el sentido de cada entonación, la cadencia de cada oración.

Colombia – Marlboro 1975

Marlboro

Y si, alguna vez existió la Compañía Colombiana de Tabaco , hoy en día Philip Morris International, que produce en este territorio y con sus plantas, las riquezas a partir del humo que desprenden el fuego de los puchos, cajetilla donde cabe un nombre más, un país que se puede llevar en el bolsillo, que puede ser consumido por las llamas ingentes acaso de una burla del devenir, o acaso de quienes sin mirar a quién, no hacen el bien. Marlboro, hombre Marlboro, Cowboy del viejo oeste, estilo de vida transferido en carteles, posters, revistas, anuncios, ven al mundo Marlboro! tan tan tan… La venta de Coltabaco se da mucho tiempo después de la obra de Caro, la capacidad de prever en el día a día lo que ocurría permitió ver a Caro en la cotidianidad el flujo constante de la historia “No soy sociólogo, ni historiador, ni ninguna de esas cosas, pero soy miope; eso me permite ver muchas cosas de la realidad como por ejemplo, que en esa época había mucha gente vendiendo Marlboro en la calle. De ahí surgió la propuesta que consistía en fusionar el diseño de Marlboro y la palabra Colombia.”

Perspicacia inalterable, Casandra de distintas épocas, discursos que lo vaticinan, obras que lo denominan. Cada palabra entregada al concepto, cada símbolo y significante cambiado, que es, que no, que fue, que se puede interpretar. Los mensajes pueden cambiar y los logos pueden decir algo más, sin embargo, la vida entregada a los instantes puede determinar y durar algo más que toda la eternidad. La lucha también se da en las aulas, en estos espacios, en el de mañana, para que cada vez retumben los nombres que no están, los nombres que nos recuerdan una vez más, que aquí no cabe el arte. Romulo Carvahalo, Luis Ramirez, Saul Florez, Gregorio Afanador, Tatiana Afanador, Ines, Edgar Mejia, Juian Villarreal, Libardo Cuellar, Fidel Rivera, José Escobar, Carlos González, Moises Ayala, Alvaro Patermina, José Acosta, Emperatriz Agredo, Jhonny Silva, Cesar Huevillo, Katherine, Sandra Cuellar. Por ellos, las obras, los conceptos, Caro, a la eternidad.

Aquí no cabe el arte. 1972

Cali 2021

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