Los museos de la infamia y la cultura a rastras

Canto I

Canta oh Musa, la cólera de los muertos que ya no vemos, colera que agita sus cuerpos en esos miseros espacios mientras su trabajo, su obra y camino, es devorado por el hades, el polvo, la sal, la humedad, el sol, la mano, el olvido y el viento.

Canta, Hernando Tejada, que nos diga tu Gato del río en la ciudad de Cali, si a gusto está con todo lo que ocurre, y no es porque se juren el amor con una punta de metal en su lomo, es por sus compañeras, las llamadas “Gatas del río” o “las novias del gato” que se extienden por la ribera “para acompañar al gato” y de paso por supuesto crear un circuito “cultural” un espacio donde las personas puedan caminar, tomar una foto #gatasdelrio #gatasdecali #yolo y los vendedores ambulantes encontrar algo de la economía informal que para el Dane representa empleos. Imanes con la forma de las gatas en cerámica, plástico, madera, toures para ver de qué se trata, chitos dulces y cigarrillos. Y las gatas ahí están, todos pueden meterle mano, y acariciarlas, los niños son los más contentos, pues encuentran una cercanía con ellas, lo único que las separa es un lazo, gastado, roto y a veces amarillo que dice, hasta aquí estuvo bien. Las esculturas fueron realizadas bajo un patrón y en él se llamó a un grupo de artistas a que las interpretaran como ellos quisieran, Diego Pombo, Wilson Díaz, María Teresa Negreiros, Lucy Tejada Saenz, José Horacio Martínez, Rosemberg Sandoval, Ángela Villegas, Pedro Alcántara Herrán, Ever Astudillo, Mariapaz Jaramillo, Nadin Ospina, Omar Rayo, Cecilia Coronel, Mario Gordillo, Melqui David Barrero Mejía, Roberto Molano González, Emilio Hernández Villegas – Alejandro Valencia Tejada, Carlos Jacanomijoy, Pablo Guzmán, respondieron al llamado y fueron seleccionados en una primera instancia.

Luego se sumaron más nombres y otros moldes de gatas, que fueron ubicadas unos metros más abajo, en lo que la ciudad en un arranque de motivación urbanística llamó “El Boulevard del Rio”. Sin embargo, la ubicación de las primeras y la manera cómo están articuladas en el ambiente, precipitan su deterioro de manera paulatina, pues no se divisa una mano de pintura, un protector, o alguna cosa que conserve aquello de lo que muchos empezaron a vivir.

Detalle de una de las gatas del río

Las gatas están sobre unos pedestales de concreto que no se nivelaron, o si alguna vez ocurrió, al estar sobre la tierra húmeda y fresca de la ribera, se han ido hundiendo sin pausa dañando las patas de las piezas. Por supuesto, en una geografía donde solo hay dos estaciones, lluvia y sol, el material del que está hecho ya acusa gasto y cada vez que el agua cae del cielo levanta tierra sobre ellas que se han convertido en una parte más del paisaje. Gata sucia, gata por conveniencia, gata en el olvido, gata chueca, gata manoseada, gata sin gata, gata descuidada. El problema no es que se toque la gata, ni que esté a la mano de todas y todos, sino su conservación, cómo preservar aquello de lo que todo el mundo habla, sacan dividendos y no invierten un peso en acomodar, en pintar o en mantener. Parece que al convertirse en símbolos les cae la suerte del olvido, muy lindo todo el primer día viene el alcalde, se toma la foto con la prensa, todos nos reímos cantamos el himno nacional y decimos que grande es este artista para la región.

Dinos Tejada, que va a pasar con tu obra que según los periódicos de la región está en el descuido “ni la Secretaría de Cultura de Cali, ni instituciones culturales como museos o universidades, mostraron intereses serios -dice Débora Tejada, sobrina del artista- por la adquisición de esa obra que, además, iba a ser donada”[1] ¿Acabará el final de sus días como la memoria de los libros cerrados de las bibliotecas? ¿Deambulará por el tiempo hasta ser la comida de los microbios, las polillas, los parásitos y comejenes? ¿Qué hacer con la obra de un artista que es prolijo en su creación y guardó sus dibujos, bitácoras, bocetos hasta convertirse en cosas apiladas y nada más? No es diferente la suerte de las gatas, ni del gato, mientras sigan dando fotos y cifras de la cultura en Cali, no pasará nada hasta que se parta en dos la pasta que hace las obras y exponga el olvido de lo que nos orgullece.

Estado actual de la gata interpretada por Rayo

Canto II

Noches de Cartagena que fascinan

Por el suave rumor que tiene el mar

Porque la brisa cálida murmura

Toda una serenata tropical

Jaime Echavarría

Después de la noche tropical, la mañana despierta las rutinas de una ciudad consagrada a su legado, a su rica historia y sus emblemáticas murallas. No importa qué ocurra por fuera de ellas, ni si la realidad es diferente allí, cientos de cartageneros llegan temprano a someterse bajo el sol en la dinámica comercial del día a día. Dentro de este complejo espacio abarrotado de comercios, hay un lugar cerca de la plaza san Pedro Claver que tras sus gastadas puertas encierra el legado de Enrique Grau y obras de otros artistas que dan forma al Museo de Arte Moderno de Cartagena. Aunque pudiera ser más concurrido por toda la gente que transita por fuera, se le ignora en medio de los recorridos, las fechas, las anécdotas y el no le pegue a la negra. Instalado en medio de una bodega que otrora contenía sal, aún conserva mucho de ésta, lo cual ha sometido a las obras a un proceso de desgaste y de microambientes que bien podrían ser ya formas de vida. Los lienzos están rotos, remendados, enmohecidos, desgastados, como el caso de la serie de esculturas de Grau, a las que les deberían de hacer un favor quitándoles las fotos de referencia en sus años de gracia, relucientes, brillantes, llenas de una inusual vida, como si no fueran la misma pieza, opacas, sucias, sin el color original, como una sombra de lo que alguna vez fueron.

Fotografía del Catálogo con las obras La Alacena (Arriba) y Rita 10:30 AM (Abajo)

Fotografía de como luce actualmente la obra La Alacena

Misma suerte corren las obras de Álvaro Barrios o Vicente Martínez, cuyo cuidado depende de la misma persona que vigila la entrada, la ausencia de recursos económicos de este museo es algo que desde hace años los periódicos de la ciudad vienen denunciando[2], algo que contrasta con la boyante cultura de este entorno donde hacen todo en Colombia, Hay Festival, Festival de Cine, Bienales de arte, congresos, reuniones, cumbres, bodas, eventos y aguas de 7 mil pesos, pareciera que el arte es tan importante, pero la realidad se ve tan diferente. Un museo que junto al mar nada y nada por sobrevivir dignamente y nada y nada que los lienzos no encajan y los dibujos están amarillos y los marcos están ondulados, y esculturas como las de Obregón o Pedro Ruiz ganan polvo como si se tratara de una competencia de quien puede estar más quieto sin parpadear.

Canto III

En la ciudad del que fue el presidente Valencia, también vivió otro poeta, caminante, fugaz y soldado que fue Julio Arboleda llamado, y por el tiempo olvidado. En Popayán, la ciudad blanca, que fue capital del vasto Estado Soberano del Cauca, vivió años después Edgard Negret en la casa de su familia que hoy día se procura como un museo mantener. Pero como todo va ocurriendo, a parte de una placa que el Ministerio de Cultura hace 20 años entregó, nada pasa a parte de los años, los nombres de los vigilantes y el clima variable de la ciudad. Mismo que hace su trabajo en las obras del Museo Iberoamericano de Arte Moderno de Popayán que tiene su lugar también allí, en la casa, convirtiéndose casi en un adorno del lugar donde se conservan los objetos, los muebles, fotos, mesas y demás.

Hombre desnudo con mujer ebria y joven flautista (Detalle)

Escultura de Negret en la Casa Museo

Llegar para quien no es de la ciudad resulta difícil, al preguntarle a varias personas por la ubicación, nadie sabía dar razón, una dirección indistinguible en medio de las demás, no reconocían que allí existiera tal cosa ¿Museo Negret? En internet tampoco hay más razones, ni un fanpage propiedad del lugar, acaso un blog que alguna vez existió hoy se encuentra borrado. La conservación, la disposición de las obras y una curaduría son como se dice, cantos a la bandera, las obras que se logran conseguir para que algún curioso pueda observar se dejan bajo el amparo de cualquier circunstancia, y da lo mismo que se trate de una obra de Picasso, de Barrios o el mismo Negret quien donó su colección para el museo, los hongos, el polvo, las fracturas en los lienzos, la suciedad en las piezas, son parte de la constante. Basta con ver el contraste de los pisos de las esculturas que debieron de ser movidas en ocasión del Salón Regional de Artistas Pacífico que tomó las instalaciones de la casa para exponer obras, algunas de las cuales no tenían conexión con el espacio. El mismo que luce tan quieto, inerme, detenido, pero cuya vida microscópica no se detiene. Lo paradójico es que luce tan elegante, lleno de diplomas y sellos “Monumento nacional” “Certificado de funcionamiento del Ministerio” Nuevamente el ser un símbolo cae como una espada de Damocles, muy lindo todo, el primer día viene el presidente, impone la Cruz de Boyacá, se toma la foto con la prensa, cantamos el himno nacional y decimos que grande es este artista para la nación, y parece que ya hubiera dicho esto más arriba, en una especie de eterno retorno sin sentido, todo se lee tan elocuente que por un momento parece tan importante este espacio, hasta que recuerdo el valor que se le da a la cultura y se me pasa.

Canto IV

Y se cierran las puertas día a día con la esperanza de continuar, canta la noche oh gloria inmarcesible que en el devenir todo va ya. ¿Y de quién entonces es la responsabilidad? ¿De la empresa privada? ¿De la nación? ¿De la gente de una ciudad? ¿De quién son los artistas y sus obras? ¿Del mercado, de su familia, de la identidad? ¿de la cultura de un lugar? Y mientras nos ponemos de acuerdo el amanecer abraza y la continuidad embriaga, dejando todo a la vera del camino, a la noticia del afán, en el impulso de lo viral.

Así se hicieron las honras del arte, domador de realidades.

*   *   *

FIN

Luis Felipe Vélez

Cali, 2019


[1] Recuperado de: https://www.elpais.com.co/entretenimiento/cultura/el-legado-de-hernando-tejada-que-cali-no-ha-querido-recibir.html

[2] Recuperado de https://www.eluniversal.com.co/suplementos/facetas/museo-de-arte-moderno-cartagena-le-ha-dado-la-espalda-al-arte-GD1533239

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