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Es una fortuna (no económica, ese es otro tema) que la impresión sensible en cuanto a la relación con el arte y su reconocimiento como tal, no parta de una idea que hoy día parece obsoleta como la de belleza sino de la articulación conceptual del(los) material(es) con los que se lleva a cabo la realización de la forma expresiva. Así, en la exposición de Julio Giraldo realizada en Proartes Cali en junio 2012 “Ego, Puñal for sale” (sugestivo trazo, evidente desde que se cruza la puerta) los elementos que la componen varían en escalas interpretativas que contrastan estilos tradicionales como el lienzo o la fotografía, con el cemento, el tratamiento nulo de telas o un pedazo de pan junto a una parte de una dentadura que señalan lo que ya Roger Fry pensaba desde mediados del siglo pasado, que una cosa es el juicio estético aplicado a una obra de arte y otra es el juicio aplicado a una mujer, una puesta de sol o un caballo.

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Up the Lumpen

Las luces que resplandecen y centellean se oponen a la mordida a medias de medios dientes, enfrente, el ojo de buitre del corazón delator parece mirar acechando las presas que desfilan por ahí. En esa pared, las aves de rapiña encuentran los participantes en sus dinámicas, habitantes que son gallinazos que en nada envidian la vista del cazador hacia una presa, que descompuesta como en el poema de Baudelaire, deleita el sabor de la modernidad retozando la podredumbre. El uso repetitivo en el montaje de los cuadros que narran los hábitos y espacios contemporáneos, las negras letras pintadas acaso con petróleo en su forma original o una tinta que escurra su movimiento, parece serializar la cotidianidad de instantes mentales que el ego alimenta, que se reafirman para colonizar el propio temor.

Las fotografías del montaje se presentan como instantes vividos por la conciencia que se ve congelada en un recuadro, acaso deformado o recortado por la intención que transforma lo que estaba en una imagen idealizada de quien la realiza. La instalación de la banda es conmovedora, no sólo porque reinterpreta, con un leve pero sublime cambio el ser “campeón” a ser “lumpen” sino porque brinda la impresión de ser dirigida por la mirada del público que puede ser uno dentro de las sombras que se reflejan tras los rostros de confusos compositores. El remedo de amplificador, el teclado, la guitarra rosa, la partitura, el coro que no deja de usar la melodía que se ha convertido en pop para desprender un sentido hacia la condición de los sujetos, sus estilos de vida, reflejos que no buscan aparentar lo bello, o representar todo cuanto pudiera ser para un canon así.

Son obras que se mezclan con la ironía, con la burla, con los ambientes en los que se desenvuelven los pensamientos y la paranoia de una sociedad residual que ahora como nunca, resume las personas a funciones y efectividad. El uso del concreto como material de la obra vincula la historia de la industria, la mezcla de elementos destructores pero constitutivos en la consideración del pensamiento de lo que es denominado moderno. El límite puesto por la reflexión de los elementos con los que tradicionalmente se hace arte, incluye habitualmente romperlos, y la muestra se articula conforme un hacer personal que deforma aquello exteriorizado por la mano del artista que habla con su obra y narra las presiones constantes de una época.

Luis Felipe Vélez

Cali Noviembre 2012

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