El Karma de las Películas Gemelas III/III: Carnada para Tiburones

Por: David Martin

Cuando al actor Michael Caine se le preguntó sobre la película Tiburón, la Venganza, dijo: Nunca la he visto, pero he escuchado que es horrible; sin embargo, he visto la casa que construí (con el dinero que me pagaron por ella) y es fantástica. Así se resumió esta secuela, la última de cuatro, donde no tuvo nada que ver Stephen Spielberg, director de la original de 1975. El estudio decidió repetir la fórmula de la franquicia varias veces y el resultado fue más que desastroso. No fue la única que le ocurrió y el cine parece invadido de algo que los expertos llaman “secuelas innecesarias”.

Varias son las causas, la primera que parece ser la más lógica, es porque el público las quiere y necesitan de nuevo ver a sus personajes favoritos. Los estudios ven esta oportunidad y repiten la idea, a veces con el mismo elenco o director; o simplemente deciden renovar todo ante la negativa se estos de regresar. Hasta el guion es dejado a otros escritores, en que algunas veces, deciden no dar tantas vueltas y permanecen atados a la misma premisa.

Comparativo de los afiches de Tiburón 1 y 2, con El Último Tiburón. En algunas partes se promocionó como Tiburón 3. Imágenes tomadas de IMDB.

Esto es muy común en las películas slashers o aquellas de terror donde un ser, a veces sobrenatural, va asesinando paulatinamente a un grupo de personajes, jóvenes o adolescentes, motivado por la venganza o la envidia. Al final es derrotado por el protagonista, generalmente una mujer, que saca fuerzas para vencerlo. Su cadáver no es encontrado, lo que supone una inmortalidad necesaria para regresar de nuevo en la siguiente secuela. Es nuestro caso, no es el mismo tiburón quien regresa, es la personificación de una amenaza. Este peligro varía en películas del mismo estilo, desde las hormigas, arañas y lagartos gigantescos, a causa de la radiación; hasta pirañas, cocodrilos y otros animales que se salen de control cuando el ser humano decide invadir su espacio o simplemente, la naturaleza decide retomar el control. Es aquí cuando los derechos de autor parecen diluirse y la imaginación de las películas de serie B ganan terreno.

Las películas de serie B son aquellas cuya producción está a cargo de estudios no muy grandes, con presupuestos limitados y actores que, pueden estar empezando o están tratando de permanecer activos, por lo que sus pagos no suelen ser altos. Son producciones independientes que se encasillan en el terror y la ciencia ficción. Una de sus tácticas más ingeniosas es copiarse de producciones triple A, y para continuar con el tema de los tiburones, podemos encontrar Megalodón (Jon Turteltaub, 2018), donde un buzo trata de salvar los ocupantes de un submarino; Carnada (Kimble Rendall, 2022), un grupo de tiburones amenaza a un grupo de personas atrapadas en un supermercado; Planeta de los Tiburones (Mark Atkins, 2016), por el calentamiento global, los mares aumentan su nivel y los tiburones dominan la tierra; y quizás la más popular de todas, Sharknado, seis películas dirigidas por Anthony C. Ferrante, en la que una serie de tornados con tiburones atacan sin piedad a los figurantes de turno.

Artículo del periódico The Hanford Sentinel describiendo parte del juicio del Gran Tiburón Blanco y Tiburón

En 1981, se lanzó L’ultimo Squalo, producción italiana que llegó a Estados Unidos como El Último Tiburón o Great White (el Gran Tiburón Blanco), dirigida por Enzo G. Castellari, narra la historia de un cazador de tiburones y un escritor que tratan de salvar a un grupo de surfistas de un tiburón que ronda un resort vacacional y deportivo. Universal Studios demandó a Film Ventures International, productora de El Último Tiburón. La demanda consistía en violación de derechos de autor, de marca y competencia desleal. El juez desestimó el caso diciendo que “había similitudes, pero no las suficientes como para restringir su distribución”, mientras el abogado defensor dijo “las interacciones entre los personajes son sustancialmente diferentes a las de Tiburón”, además que “la idea de que sólo haya una compañía que pueda hacer películas sobre tiburones blancos es inaceptable”, “Universal no tiene propiedad sobre las olas” *.

Aunque de fondo sabemos que puede ser una copia de una idea “original”, la forma que fue modificada la hace diferente. Entonces ¿qué es una copia? Al menos en literatura, cuando se encuentra un plagio de una obra, es porque prácticamente se hace letra por letra. En cine debería ser igual, porque el guion es una producción escrita; pero al plantearse ante la cámara, el resultado debe ser diferente, o para no ir tan lejos, el director la hace a su manera.

Ya hemos visto en los artículos anteriores los conceptos de películas gemelas y de parodias, así que podemos decir que son reinterpretaciones de una idea. Nuestras películas de tiburones, de zombis y extraterrestres son reimaginaciones. Si situáramos a Tiburón en los tiempos antiguos y lo reemplazáramos por un kraken, las modificaciones serían superficiales, pero de fondo, la historia es similar. Las demandas van más allá de proteger una intelectualidad, es la de proteger una idea que puede generar un ingreso económico. El que imita, quiere sacar provecho de alguna manera. Hay puristas que prefieren el Tiburón de Spielberg, pero muchos preferirán Sharknado porque les parece más entretenida.

Imagen promocional de Sharknado.

Podríamos ampliar mucho más esta maraña de plagios e interpretaciones si incluimos esas adaptaciones realizadas en países donde las grandes producciones hollywoodenses no llegaron, y decidieron hacer sus propias versiones; o los remakes que merecerían un capítulo aparte. En fin, es nuestra labor lograr enlaces entre diferentes obras, para llegar a completar los mundos posibles e imposibles con los que tanto nos entretenemos, sin importar que tantas veces los soñemos.        

*Acá hacía referencia a la demanda que realizó 20th Century Fox contra Universal porque la serie Battlestar Galactica se parecía a Star Wars. Parte de la respuesta fue “a Fox no le pertenece el espacio exterior”.

Bogotá 2026

Referencias:

https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/10304312.2019.1677981

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