Déjame entretenerte

Por: David Martin

En 1947 nació el programa concurso, radial y televisivo, You Bet Your Life, conducido por el actor y comediante, Groucho Marx. El show era sencillo: una pareja debía contestar a una serie de preguntas de cultura general y ganaban dinero cada vez que acertaban con la respuesta. No eran más que unas cinco preguntas, y en cada capítulo, de unos veinticinco minutos, participaban hasta tres parejas. El programa parecía bastante sencillo y resulta sorprendente que su duración sea tan extensa para tan sólo cinco preguntas. El motivo era que el presentador, podía tardar hasta doce minutos hablando con los concursantes, haciendo chistes y comentarios diversos. El éxito se centraba en la figura de Groucho, que más que realizar las preguntas, era un puro entreteiner.        

Recurro a la palabra inglesa ya que, en español, el término animador es insuficiente. El entreteiner no sólo anima, sino tiene el talento de hablar, manteniendo la emoción y exaltación, sin dejar que el espectador pierda interés. Y es que el entretenimiento, así como quienes lo hacen posible, han estado presentes en la historia. Cómicos, juglares, bailarines, artistas teatrales, circos, vodevil y un largo etcétera; su función es la de distraernos de los hábitos diarios y darnos un buen momento.  

En estos tiempos, hay miles de formas para entretenernos. Una de ellas, es el cine. Nacido a finales del siglo XIX, el espectáculo se popularizó en las masas que no podían ir al teatro. La industria tuvo un auge increíble, creando miles de puestos de trabajo, introduciendo tecnologías que, a largo plazo, tenemos prácticamente en el bolsillo. Las actrices y actores se volvieron más populares que nunca, y con ellos, directores, compositores, guionistas y demás pertenecientes al medio. Se fundaron las grandes productoras, que aún hoy, son las que llevan a cabo los proyectos más ambiciosos, que generan más millones de dólares al año. Con la edad dorada del cine, llegaron los blockbusters, películas que además de contar con las grandes estrellas del momento, su presupuesto y realización eran asombrosas.

En 1919 se puede decir que apareció la primera productora independiente, United Artists, fundada por Charles Chaplin. Uno de sus objetivos era hacer un cine diferente, que no estuviera sujeto a las grandes corporaciones del momento. Ese mismo año estrenaron His Majesty, The American, con un presupuesto de USD $300.000, equivalentes a unos 4 millones de dolares actuales. Los altos costos tanto de producción como de distribución, causaron que los siguientes proyectos no fueran tan frecuentes.

Con los años surgieron nuevas productoras cinematográficas en el mundo entero, siendo una alternativa local al cine norteamericano o alemán, contando sus propias historias, e inclusive, siendo financiadas por los mismos gobiernos nacionales. Las universidades comenzaron a incluir programas académicos dedicados a este arte, y las cámaras, a ser vendidas para que las familias registraran sus vacaciones. Esta explosión generó también la necesidad de crear cine sin tener mucho presupuesto, sin actores profesionales y técnicas aprendidas tan sólo viendo como otros lo hacían, utilizando inclusive, la calle para filmar. Aquellas películas se exhibían en teatros olvidados, de barrios marginales, a media noche; pero con el tiempo, aparecieron en las video tiendas, convirtiéndose varias, en objetos de culto.  

Y es que hay películas para todos los públicos y para verlas, es más sencillo hoy en día: se aprieta un botón, ya sea en Internet o con las diversas plataformas de streaming. Sin embargo, todas éstas utilizan un algoritmo que sugiere al espectador que ver, y de cierta manera, elimina la recomendación hecha por algún ser humano. Cuántas veces no nos hemos topado con algo que no llena nuestras expectativas. Más allá de ver unas estrellas, o hasta tomates, necesitamos saber si debemos invertir nuestro tiempo en una producción que nos desilusione. Eso, difícilmente, lo hará nuestra televisión de pago.

Aunque las sugerencias son bien recibidas de nuestro humano de confianza, el amante del cine nos dará un menú con exquisiteces pensando en lo que queremos consumir; mientras el observador pasivo, nos dará cuatro opciones: películas excelentes, buenas, malas y entretenidas.

Foto publicitaria para la película “Go West” 1940 Dirigida por Edward Buzell. Metro Goldwyn Meyer.

¿Qué es una película entretenida? Simplemente, es estar en un limbo cinematográfico. Es decir, es mala, pero tiene elementos que nos llaman la atención que nos obligan a no destrozarla u odiarla. Son las de pasar el rato, verlas para antes de dormir, o que colocamos para no ofender a nadie. Pueden ser de acción o de comedia, no nos harán mejores personas o inclusive, volverlas a ver, nos robarán unas risas o nos emocionarán al ver sus efectos especiales.

No estoy diciendo, y aclaro, que este tipo de cine esté mal visto; al contrario, si su misión es entretener, lo está haciendo muy bien. Todos sabemos que, en las películas de acción, los buenos siempre ganan al final y en las comedias románticas, los enamorados terminan juntos. Es el contenido el que determina si realmente amerita pasar el tiempo distrayéndonos de nuestras actividades diarias. Detrás de todo esto, hay varios a los que podemos llamar entreteiners que trabajan en esto, ya sea actuando, escribiendo o dirigiendo; y nosotros, simplemente lo disfrutamos. Mientras veo varios capítulos de You Bet Yor Life, no me importa si los concursantes ganan o no; lo que quiero, es reír con Groucho.       

Bogotá, 2021

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