San Sebastián: El Santo LGBT

Por: Nicole Correa

La imagen de San Sebastián fue muy representada en el arte durante la Edad Media y el Renacimiento, debido a que era una excusa muy aceptable para el estudio anatómico y, por tal motivo, se estima que era considerado por los artistas del renacimiento como el mártir por excelencia. El recuerdo de su martirio y su patronazgo ha perdurado como un rito importante en la iglesia católica; sin embargo, al menos desde el siglo XIX se le ha dado una curiosa reinterpretación al martirio de San Sebastián y a su representación pictórica, y es que la comunidad LGBTIQ+ empezó a llamarlo “El santo patrono de los gays” o “El santo patrono LGBT”, asociando detalles de su mito, el motivo de su martirio y el homoerotismo presente en sus representaciones pictóricas con la lucha y resistencia de la comunidad LGBTIQ+.

En este ensayo se ahondará en la significancia que tuvo la figura de San Sebastián en el Renacimiento por cuenta de sus representaciones pictóricas y cómo se ha reinterpretado su martirio en la actualidad, el cual a suscitado el interés de la comunidad LGBTIQ+ a partir de su adopción como motivo artístico-literario de escritores tan influyentes como Oscar Wilde, Marcel Proust, Tennessee Williams y Yukio Mishima, lo que ha llevado a esta comuidad a convertirlo en un ícono de liberación y disidencia sexual, con el fin de darle una mirada actual al mito y hacer una reinterpretación del arte Renacentista de San Sebastián.

Al final de este ensayo introduzco mi propia interpretación pictórica del martirio de San Sebastián según la versión al uso en la actualidad.

San Sebastián: Sus martirios

San Sebastián o Sebastián de Milán fue un centurión de la primera cohorte romana en la época del emperador Diocleciano, quien fue el más enconado perseguidor de los cristianos. Según el texto de la Leyenda Dorada, “Diocleciano y Maximiano lo distinguieron con su amistad y lo estimaron tanto que uno y otro lo mantuvieron al frente de la primera cohorte, cuyo oficio consistía en dar escolta a los emperadores”. Sin embargo, Sebastián en secreto era cristiano y animaba a sus compañeros a convertirse al cristianismo; fue descubierto y denunciado ante Diocleciano, y éste lo obligó a escoger entre su condición militar o el cristianismo. Sebastián eligió su fe, por lo que Diocleciano lo amenazó de muerte, pero Sebastián se mantuvo firme, de modo que fue condenado a muerte. Sus ejecutores, soldados romanos, lo ataron a un árbol en una plaza de Mediolanum, la actual Milán, lo desnudaron y lo asaetearon. Éste fue su primer martirio, ya que sobrevivió.

Sus compañeros cristianos lo vieron aun vivo después de su asaeteamiento, lo desataron y llevaron a escondidas a casa de Santa Irene, una mujer romana cristiana, viuda de San Cástulo, quien lo mantuvo escondido mientras lo curaba y, cuando estuvo completamente recuperado, ella y sus compañeros le recomendaron huir de Roma, pero Sebastián se negó y fue a presentarse ante el emperador; éste, sorprendido al verlo con vida, volvió a condenarlo a morir, esta vez ordenando a los soldados que lo azotaran y se aseguraran de que muriera. Después de muerto arrojaron su cuerpo a un lodazal, pero Sebastián se apareció en sueños a Santa Lucía para señalarle en dónde se hallaba su cuerpo; ella lo encontró y le dio una cristiana sepultura.

San Sebastián: Representación en el arte del Renacimiento

Si bien la figura de San Sebastián fue representada durante la época medieval como un hombre mayor debido a su rango militar, en el renacimiento fue representado como un hombre joven y fuerte, siempre desnudo, excepto por una prenda que cubre sus partes pudendas, a la cual los historiadores han dado en llamar “paño de pureza”. Su forma más habitual de representación fue en la pintura, y casi en su totalidad eran obras de su primer martirio. Las obras de arte muestran a un joven desnudo atado de pies y manos, generalmente parado sobre un palo y atado a un árbol, aunque también podía ser una columna, atravesado por tres o más flechas, que suelen estar en sus piernas, abdomen, costillas, cuello o incluso en el cráneo. Durante el renacimiento se hicieron muchísimos cuadros de San Sebastián, porque la forma tradicional de representarlo era perfecta para los artistas para practicar la anatomía del cuerpo desnudo. Otro motivo por el que los artistas eligieron hacer tantos cuadros de él fue porque San Sebastián era el principal santo protector contra la peste negra, pues la lluvia de flechas se asoció a esta peste.

Como en la historia de San Sebastián se habla de su fe devota al cristianismo, su firmeza y resignación ante su martirio fue representada a través de un rostro hierático y en la postura de su cuerpo; en prácticamente todas las obras que lo representan se lo muestra con una cara impasible, ajeno a la vergüenza de la humillación pública y al dolor de las flechas que atraviesan su cuerpo. Con esto querían decir los artistas que San Sebastián soportó el sufrimiento firme y sin chistar por el amor a Dios, lo cual fue considerado como una invitación para los cristianos a soportar cualquier dolor, pues lo más importante era su fe.

Saint Sebastian – Sandro Botticelli, Oil on poplar wood, 1474 Fuentes: Staatliche Museen de Berlín

La cara del San Sebastián de Sandro Botticelli muestra la característica inexpresividad de estas representaciones, en las que ni la postura ni el rostro muestran rastro alguno de dolor o sufrimiento.

Martirio di san Sebastiano – Piero Pollaiuolo, Óleo sobre tablero, 1475

En la obra de Piero Pollaiuolo se ven los elementos más clásicos de las obras que representan a San Sebastián: parado sobre las ramas tronchadas del tronco de un árbol descopado al cual está atado de pies y manos, con una pose en contrapposto, de influencia griega, y con los soldados asaeteándolo. Los ropajes de los personajes distan mucho del uniforme de un soldado romano, dado que los artistas ponían a sus personajes en un contexto que mostrara la actualidad del momento.

St. Sebastian – Antonello da Messina, Oil Paint, ca. 1478

Las representaciones de San Sebastián suelen mostrarlo en posturas que pueden considerarse afeminadas u homoeróticas; las rodillas ligeramente dobladas, en ocasiones un poco cruzadas, el cuerpo en una postura de contrapposto (las caderas alineadas en un ángulo diferente al de los hombros), sacando el pecho, los hombros hacia atrás o los brazos atados sobre su cabeza, y su rostro, lánguido, que generalmente está mirando hacia arriba. Esto, sumado a la complexión joven y atlética de Sebastián, hicieron que su figura se asociara a amaneramientos estereotípicamente propios de los hombres gays. En esta obra de Antonello da Messina, se puede notar la postura amanerada de san Sebastián.

San Sebastián: Ícono LGBTIQ+

A partir del siglo XIX, las interpretaciones que se le dieron a la figura de san Sebastián comenzaron a sonar en la comunidad LGBTIQ+. San Sebastián es considerado el santo patrono de los homosexuales, o el santo patrono queer, en los tiempos modernos. El homoerotismo presente en los múltiples cuadros renacentistas del santo es evidente, sin embargo, poco se sabe de la vida amorosa de san Sebastián como para afirmar que en esta época se podría considerar gay o queer. La figura flagelada del santo tiende a mostrar cierto éxtasis en su rostro y sensualidad en su postura recibiendo las flechas. Es precisamente esto, su erotismo, que parece desafiar los preceptos cristianos, lo que no tardó en llamar la atención de la comunidad LGBTIQ+, que ha sido excluida, censurada y perseguida por la iglesia a lo largo de la historia.

Empero, la asociación que se le ha dado a esta figura por parte de la comunidad LGBTIQ+ y las disidencias sexuales va más allá de la superficialidad que se pueda apreciar en las posturas afeminadas de San Sebastián. Oscar Wilde dedicó uno de sus primeros poemas a San Sebastián, y él mismo adoptó el alias de Sebastián después de su liberación de la prisión. El dramaturgo Tennessee Williams llamó a su personaje gay martirizado Sebastián en De repente, el último verano. Marcel Proust habló del martirio de San Sebastián en su novela En busca del tiempo perdido, y tocó el tema de la homosexualidad a través de sus personajes Roberto de Saint-Loup y Carlos Morel, basándose en una de sus parejas, Alfred Agostinelli, y en su relación con él. Yukio Mishima habló de su despertar sexual en su novela Confesiones de una máscara, en donde describe haber descubierto en un libro un retrato de San Sebastián con dos saetas clavadas, y ante la visión de la imagen se masturbó; más adelante Yukio hizo un autorretrato fotográfico inspirado en El Martirio de San Sebastián de Guido Reni, retratándose él mismo como el mártir, atado a un árbol y con tres saetas clavadas en su cuerpo. Y como ellos, muchos autores y artistas LGBTIQ+ hablaron de San Sebastián con un enfoque queer, relacionando su persecución, firmeza ante los atques y su martirio como un paralelismo con la historia de las personas LGBTIQ+, que también está plena de dolor, persecución, pero sobre todo muchísima resistencia.

Mishima Yukio como San Sebastián – Yukio Mishima, 1968

No es casualidad que estos autores gays y otras figuras importantes dentro del arte empiecen a apropiarse de San Sebastián como ícono queer. Su persecución por ser cristiano se ha reinterpretado y dado la vuelta a otra opresión que aún es vigente, a como la comunidad de las disidencias sexuales es perseguida y asesinada, siendo San Sebastián un revolucionario LGBTIQ+ que no estuvo dispuesto a vivir oculto, presentándose al mundo como queer y reclamándole a los opresores por sus injusticias contra los de su comunidad, y aceptando el martirio sin negar lo que era. Como inferencia de lo anteriormente dicho, la comunidad LGBTIQ+ ha dado una nueva interpretación a las saetas que se hincan en el

cuerpo de Sebastián: le dan el significado de los constantes ataques de unos sectores muy influyentes de la sociedad hacia la comunidad.

Sebastián de Milán

Para esta pieza quise hacer un poco a un lado los estereotipos que puedan ser asociados a los hombres gays o queers, y centrarme más en el mensaje de la lucha LGBTIQ+. Me basé en las figuras de la literatura más influyentes que hablaron de San Sebastián, quienes fueron mencionadas con anterioridad, y de quienes me encantan sus obras literarias. La pieza fue hecha sobre papel, con grafito, lápices de colores y pintura. En ella está representado San Sebastián en su primer martirio, pero rompiendo con la forma clásica de representarlo pictóricamente en el Renacimiento, mostrando un ceño fruncido y un brazo levantado en señal de resistencia, además de los distintos elementos repartidos en la obra que no tienen que ver con el mito original.

Cali 2025

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