Lo que la sala vislumbra

Por: Luis Felipe Vélez

Al llegar a la exposición «Por qué no lo hice yo» en la recién re inaugurada Ciudad Solar, lo primero que se observa es un grupo de cabezas hechas en hilo que se arremolinan buscando la identidad que no tienen, rostros vacíos que se sostienen levemente del techo mientras conservan como una genealogía su origen hacia el carrete que está en el suelo, debajo, anclándolos a la tierra, como si flotaran en la sutileza de lo etéreo. Las sombras juegan con un diálogo, la luz crea el espectro en el que viven, dando una forma que en el trabajo de Davinson Vera construye representaciones desde el anonimato y la fragilidad del material, en la exploración de esos rostros que identificamos como símbolos, pero son tan parecidos a cualquiera que podríamos ser nosotros.

Obra de Davinson Vera

Junto a las piezas, una serie de cuadros acompañados por una pieza escultórica dan continuidad a la exposición. Las obras, de Lisseth Balcazar, son algunas piezas de un proyecto de la artista llamado Punto de partida, las bidimensionales algunas son dibujos que juegan con la ilusión de seguir una instrucción que no se completa, un camino a medias, pero con toda la intención de llegar a su fin, como un recuerdo que se construye desde la ilusión y la certeza en el relato. Al igual que otros cuadros donde las fotografías con intervenidas como un archivo cartografiado, que recorre dimensiones del tiempo para encontrar algo de lo que quedó y que no se ha dicho. En ese sentido, la pieza escultórica; una maleta en cuero llena de tierra junto con una maqueta que simula una pequeña casa, se carga con la fuerza histórica del material y el peso del tiempo, mismo que se vive y se lleva en la memoria y el relato. 

Obras de Lisseth Balcazar

Cerca a estas piezas, los grabados de Liliana Vergara coronan la muestra. Con una fuerte carga neo-expresionista, sus obras renuncian al figurativismo en la ruptura misma de la representación para dar cabida a la interpretación, en una tensión que mezcla la negación de un academicismo anquilosado con trazos en dibujo que evidencian la formación. Esta actitud con la obra, hace que el concepto desborde la plancha de acero para dar paso a un mundo más poético donde el símbolo construye el significado. Sus piezas están en tensión constante, entre el acero que sostiene la idea, y el grafito que lo vuelve orgánico con la fuerza transformadora de lo vivo. Sus grabados exigen una actitud que va más allá de la contemplación, exigen la pausa en la línea y el trazo que según la intensidad va marcando una posición, una entrega en el dinamismo del buríl que habla con el lapíz en el silencio del color, la tinta y la plancha.

Obras de Liliana Vergara

Cali 2026

*Fotografías cortesia de la artista Liliana Vergara

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