Por Nicole Correa Bernate
“La lujuria conduce al derroche de vida / en eriales de culpa; y aún antes del hecho / es perjura, asesina, sanguinaria e infame, / violenta, brutal, cruel e indigna de crédito. / Es apenas gozada cuando ya se desprecia, / perseguida con furia, y en el acto con furia / tan odiada también, como un cebo mordido / que tenía por fin volver loco al que muerde. / Loco cuando la ansía y más loco al tenerla, / y violento después, en el goce y la búsqueda; / y un deleite al probarla, y en seguida congoja, / antes gozo esperado, y después solo un sueño. / ¿Quién ignora estas cosas? Pero nadie consigue / evitar ese cielo que conduce a ese infierno.”
[Traducción de Carlos Pujol; Shakespeare, Sonetos, Granada, Comares, 1990.]
La lujuria sigue sintiéndose áspera en la boca de quien la menciona, aparece como un invitado indeseado en la conversación que pone incómodos a todos, y que da paso al sentimiento de vergüenza y culpa enseñado por el cristianismo y su idea del pecado. El rechazo a la lujuria no ha cambiado mucho desde su concepción pecaminosa, siendo relegada a un lugar incluso más oculto que el ámbito privado, es un mal que acecha la razón, pero la mojigatería que rodea al tema es una barrera que hay que atravesar para enfrentarse a la realidad: todo el mundo tiene deseos. La lujuria, en su origen etimológico, no hacía alusión a ninguna conducta sexual, como se tiene asumida y aceptada actualmente; habla de los excesos, del lujo, del derroche material y el placer que esto genera, y mutó en la culpa relacionada con el placer sexual.
Dante describía la lujuria como el amar a cualquier persona, relegando el amor a Dios a un segundo plano. Con esto en mente, la lujuria va más allá del simple deseo, es un impulso que nubla la razón, un objetivo apremiante, una pulsión casi atávica. En la actualidad se ve a la lujuria con ojos más críticos, y quizás compasivos, queriendo limpiar su mala fama, para deshacerse de todos aquellos prejuicios, falacias, roles de género, y, sobre todo, misoginia. Las leyendas, historias, obras, y casi cualquier representación de la lujuria están dominadas por la presencia femenina como objeto del pecado, la incitadora del desenfreno y la falta de buen juicio, como la culpable del mal; no por nada en la leyenda medieval de Aristóteles y Filis, el relato fue cambiado para que la moraleja no fuese la victoria de la lujuria sobre la razón, sino la del engaño femenino.
En este ensayo se hará un breve repaso por la historia de la lujuria, cómo ha sido representada en el pensamiento y en el arte pictórico y literario / filosófico a lo largo de los siglos, y cómo llegó hasta la actualidad. Al final, haré una corta conclusión que subvierta este rol y concepto tan tradicional de la lujuria, y presentaré mi propia representación pictórica de este pecado capital.
Lujuria: Origen
Definición:
- nombre femenino
Deseo excesivo del placer sexual.
Etimología:
Del latín luxuria (abundancia, extravagancia, exceso, profusión).
Iconología
El origen del término proviene de la antigua Roma, y se usaba para describir los lujos y el derroche de las personas más ricas, sin tener ninguna connotación sexual. Con la llegada del cristianismo, se empezó a asociar el lujo y el adorno excesivo con el pecado, y adquirió el significado de perversión sexual. Ya Santo Tomás de Aquino, escribía que la lujuria no solo estaba destinada a los excesos del pacer sexual: (Confesiones II, 6) <<la lujuria reclama para sí la saciedad y la abundancia>>
Simon Blackburn en su ensayo Lujuria [2004], nos dice que la lujuria es un estado de anticipación del deseo en el que se quiere estar; no es un fin, y no lo describe como algo malo, diciendo que la lujuria no alberga inherentemente una falta de autocontrol, sino una búsqueda del placer que tiene como fin el mero placer y la desinhibición del pudor.
La lujuria ha sido comprendida dentro de la concepción cristiana de pecado como la anticipación del deseo sobre Dios, y que, por su propia naturaleza, obliga a quien la experimenta a hacer desaparecer el resto del mundo y, por ende, olvidar la plegaria. Al mismo tiempo, la lujuria está también relacionada con el pecado original dentro del discurso cristiano, siendo Eva la representante de la tentación. Se atribuye el “mal” de la lujuria a las tentaciones que rodean al hombre, al placer de la carne y, poco a poco, se ha ligado la imagen de la mujer con la tentación.
La lujuria se ha representado de diversas formas: la serpiente, asociada con el demonio inductor del pecado original, le entrega la manzana a Eva, la tienta; la serpiente se convierte en un símbolo de la lujuria. El pavo real también está asociado a la lujuria, pero con respecto a su significado original, el de la ostentación fastuosa de la opulencia. La desnudez femenina también es una de las representaciones más frecuentes de la lujuria, y sigue siéndolo hasta la actualidad. Colores como el rojo, morado, negro y dorado, sugieren tanto la pasión y el misterio, como la opulencia y el placer. Y, particularmente dentro del ámbito religioso, existen demonios como los súcubos y los íncubos, que atacan en sueños a los hombres y a las mujeres respectivamente, haciéndoles soñar con escenarios sexuales, robándoles su energía y/o su semen.
Las representaciones artísticas de la lujuria, han mutado en consonancia y paralelamente con el significado y la iconología de la propia palabra.
Iconografía
Figura 1
El Jardín de las Delicias – El Bosco, Óleo sobre madera, 1490-1500
Nota. El Jardín de las Delicias – El Bosco, Óleo sobre madera, 1490-1500
Fuentes: Museo del Prado, Madrid [España] (2025)
En esta obra, medieval-renacentista, se pueden apreciar el desenfreno, el caos y la compulsión de las pasiones humanas, representados en un espacio paradisíaco alusivo al jardín del Edén, hogar de la plenitud. Pinta esta pasión, y el éxtasis asociado, como una maravilla, en la que todos se mezclan, se funden, en una confusión de excesos y tentaciones, inducidas por demonios que incitan al pecado a quienes disfrutan, sin saber que su fin está destinado al infierno.
Figura 2
Venus, Marte y Cupido – Sandro Botticelli, Tempera on wood, ca. 1483
Nota. Venus, Marte y Cupido – Sandro Botticelli, Tempera on wood, ca. 1483
Fuentes: National Gallery, London (2025)
Botticelli muestra la rendición del poder masculino, representado por Marte, el dios de la guerra, ante la pasión, personificado en Venus. Los acompaña Cúpido, el amor, y algunos sátiros, símbolos del desenfreno sexual. La expresión en la postura y rostro de Marte muestra un estado de éxtasis y entrega, una forma de alegoría a la lujuria.
Figura 3
Susana y los viejos – Artemisia Gentileschi, Óleo sobre lienzo, 1610
Nota. Susana y los viejos – Artemisia Gentileschi, Óleo sobre lienzo, 1610
Fuentes: Castillo Weissenstein, Pommersfelden [Alemania] (2025)
Artemisia representa en esta obra el miedo y la impotencia de una joven frente a la mirada lasciva y el acoso con el que dos hombres la asedian. Este cuadro subvierte la mirada de la lujuria, atribuyéndola a quien la posee y no a quien la provoca, liberando a la mujer de su rol como ente maligno y tentador del pecado.
Figura 4
Saturno devorando a su hijo – Francisco de Goya, Fresco, 1820-1823
Nota. Saturno devorando a su hijo – Francisco de Goya, Fresco, 1820-1823
Fuentes: Museo del Prado, Madrid [España] (2025)
Se puede interpretar la obra de Goya, como el ansia grotesca y visceral de los excesos destructivos. Al representar este mito, Goya deforma la idea de poder, ampliándola con el derroche del sometimiento, remitiéndonos a los textos de Santo Tomás de Aquino en su concepto de la lujuria como abundancia desmedida.
Figura 5
El pecado – Franz von Stuck, Óleo sobre lienzo, 1893
Nota. El pecado – Franz von Stuck, Óleo sobre lienzo, 1893
Fuentes: Neue Pinakothek, Múnich [Alemania] (2025)
El título de la obra es claro: esta es una representación del pecado, encarnado en una mujer, con atributos de belleza innegables, pero enigmática, acechante en la penumbra.
La obra revela a una mujer, de cuerpo y expresión fatal, con el pecho y estómago desnudos, escondiendo su rostro entre las tinieblas, pero mirando con frialdad, casi que sentenciosamente, al espectador; porta, como un atributo de poder, a la serpiente, símbolo del engaño y la traición, que también confronta con su siniestra mirada a quien mira la obra, develando la maldad demoníaca que le atribuye la misoginia cristiana a la sensualidad de la mujer.
Figura 6
El origen del mundo – Gustave Courbet, Óleo sobre lienzo, 1866
Nota. El origen del mundo – Gustave Courbet, Óleo sobre lienzo, 1866
Fuentes: Museo d’Orsay, París [Francia] (20259
Esta obra desafió las normas morales de su época, representando explícitamente una vulva, y dejando el significado a múltiples interpretaciones: el origen de la vida, el eje movilizador del placer, la falta de pudor. La imagen fue tachada de indecorosa, lasciva, lujuriosa, entre otros atributos que (según) atentaban contra la buena moral. Hoy en día es un símbolo de reivindicación de la sexualidad y del cuerpo femenino.
Figura 7
El sueño – Pablo Picasso, Pintura al óleo, 1932
Nota. El sueño – Pablo Picasso, Pintura al óleo, 1932
Fuentes: Colección privada, Las Vegas (2025)
Picasso retrata a Marie-Thérèse Walter, una modelo francesa, quien fue su amante y madre de su hija Maya, en un estado de placer y abandono, con un estilo pictórico sensual y onírico, que da una mirada al placer femenino sin estigma ni reproche. No es el objeto del deseo, sino que se muestra a la mujer experimentando su propio deseo.
Conclusión
La lujuria no se queda solo en el placer sexual; va más allá de eso, construyendo una narrativa alrededor del deseo, los impulsos, el lujo y la ostentación. La moralidad cristiana alteró la definición original de la palabra, le dio su connotación sexual e infundió el pánico en las personas a la entrega a los placeres carnales. La lujuria pretende la separación del ser y la razón, por un estado que se busca transcurra en el tiempo, el cuerpo y la mente, mas no tiene como finalidad experimentar la excitación o alcanzar el orgasmo; es el deseo del placer por sí mismo.
En el arte se asoció mucho a la figura femenina como incitadora del pecado, pero a medida que los tiempos avanzaron, el imaginario colectivo también lo hizo, desmitificando la lujuria y proponiendo la experiencia del placer como algo humano. Los excesos dejaron de aparecer en las obras alrededor de la lujuria como algo grotesco y demoniaco, dando paso a una visión más profunda y personal de la propia vivencia del disfrute, del éxtasis y la entrega.
Para esta pieza me remito a la leyenda de San Sebastián, santo frecuentemente representado pictóricamente durante el renacimiento, que se ha convertido en ícono queer y símbolo de revolución sexual.
Bibliografía
Lust – Simon Blackburn. (s. f.). PAIDÓS. 2005 de todas las ediciones en castellano, Ediciones Paidós Ibérica, S.A, Mariano Cubí, 92 – 08021 Barcelona
El jardín de las delicias – Hyeronimus Bosch. (s. f.). HA! https://historia-arte.com/obras/el-jardin-de-las-delicias
Susana y los viejos – Artemisia Gentileschi. (s. f.). HA! https://historia-arte.com/obras/susana-y-los-viejos-de-artemisia-gentileschi
Saturno devorando a su hijo – Francisco de Goya. (s. f.). HA! https://historia-arte.com/obras/saturno-devorando-hijo
The National Gallery, London. (s. f.). The National Gallery, London. https://www.nationalgallery.org.uk/
Musée d’Orsay. (s. f.). https://www.musee-orsay.fr/es
Neue Pinakothek. (s. f.). https://www.pinakothek.de/en/neue-pinakothek







