Arte sin sufrimiento

Por Alma Brutau

La inteligencia artificial puede hoy en día reproducir imágenes de todo tipo y eso ha llevado a creer que puede reemplazar la labor del artista, pero realmente, quien lleva en sus hombros el peso de ser sensible, piensa el mundo y tiene algo que decir de su entorno. La manifestación de su existencia es un resultado, una consecuencia de la opresión histórica del ser. La persona que es artista probablemente no lo ha decidido, su don es una condición que le impide hacer (o ser) otra cosa, como si hubiese sido incorporado con un mensaje en el propósito de su vida.

El contexto es el insumo de cada artista. No se trata de hacer algo que muestre el talento y ya, sino que hay una misión, o debería de haber… una misión con el público y por ende, con la sociedad. Una necesidad de expresar desde lo personal, lo universal, declarando lo que se percibe de la realidad. Para poder crear, primero se debe contar con experiencias; claro que también es necesaria una habilidad técnica, ese instrumento para comunicarnos. Además, una ambición por descubrir, de explorar en lo profundo e ir a lo grande: ser contundente. Creo firmemente que de eso se trata el arte más puro y real. Puede que la máquina se programe con información que la dote de experiencia pero no por eso está viviendo. Si el arte de la I. A. llegara a suceder, hablaría desde su propio sentir y experimentación del fenómeno de la existencia, para ello debería tener una consciencia despierta y su lenguaje sería encriptado para otros seres de la misma especie, no para los humanos; seguramente sería incomprensible para nosotros.

Se ha fantaseado con esta posibilidad, un ejemplo son proyectos como Ai-Da o Lil Miquela, personajes bastante realistas que se muestran como robots autónomos, representados por galerías y sellos discográficos respectivamente (en otras palabras generando dinero), sin embargo, se deben a alguien más. La primera fue invento de Aidan Meller en colaboración con Lucy Seal, construida por la compañía Engineered Arts; la segunda es producto -digital- del colectivo conformado por Trevor McFedries y Sara Decou. Precisamente, un aspecto fundamental es la voluntad de crear. Ser artista consiste en el acto voluntario de materializar una idea, observación, conclusión o emoción; en algo tangible -cognitivamente hablando- por los sentidos. Algo muy sencillo y auténtico, muy primitivo y originario, que contiene una verdad. Este camino de ser artista se opone a un sistema utilitarista que sólo piensa en términos de productividad. En general, es navegar contra la corriente y según el apoyo que se tenga o no, la vida será más llevadera o insoportable, sobre todo por la inconformidad típica del espíritu creativo.

Autorretrato con cabello cortado, Frida Kahlo


Por eso estoy segura de que no puede existir el arte sin sufrimiento. Como el poema de Ruben Darío, Lo fatal… no hay mayor pesadumbre que la vida consciente. Y es que esta capacidad de sentir, se vuelve una carga en un sistema que exige y demanda operatividad. Algunos se suicidan incluso después de conseguir reconocimento, como Basquiat, otros por no conseguirlo, como Van Gogh. Otras simplemente aguantan con dolor, como Frida Kahlo, o siendo toda la vida señaladas y marginadas, como Nan Golding o Débora Arango. Están quienes logran hacerse una fortuna y lo invierten en contribuir, como Sebastião Salgao o Vick Muniz. O se inspiran en su trauma para crear, como Yayoy Kusama, sino los trauma su propio arte, como Egon Schiele. Ai Weiwei vive perseguido y censurado, mientras que una máquina podría manipularse con informática (hackarse) porque no tiene voluntad, es diferente con una persona porque sus motivaciones -valga la redundancia- son muy personales. En todos estos casos, tan diversos en sus formas, hay un sacrificio voluntario, una entrega.

Y si no se sirve a las artes, ¿cómo llamarse artista?


Imágenes extraídas de:
https://moody.utexas.edu/news/real-or-robot
https://smarthistory.org/frida-kahlo-introduction/
https://www.dailyartmagazine.com/schieles-orange-obsession/
https://news.artnet.com/art-world/ai-da-robot-venice-biennale-2092643

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