Por Juan José Vélez C.
La soga (1948) del cineasta británico Alfred Hitchcock, producida y distribuida por Warner Brothers, se inspira en la obra de teatro homónima (1929) escrita por el dramaturgo Patrick Hamilton. Esta última vio la luz tan sólo cinco años después de un asesinato perpetrado por los jóvenes Nathan Leopold y Richard Loeb contra Bobby Franks de 14 años, con la única motivación de cometer el crimen perfecto; sin embargo, Hamilton negaría su similitud.
La película de Hitchcock presenta el asesinato de David Kentley en manos de una pareja de amigos, Brandon y Phillip, con el uso de una soga; el ocultamiento del cadáver en su propio apartamento y la realización de una fiesta con los allegados del occiso. El argumento expresa la inspiración de Brandon y la complicidad de Phillip para cometer el asesinato perfecto a partir de las elucubraciones y discusiones de su maestro Rupert Cadell. Aquel, augurando el inicio y sentenciando el final de los acontecimientos.
Ahora bien, existen varios y distintos aspectos destacables al hablar de esta película. A nivel técnico es notorio la ejecución del (falso) plano secuencia en toda la película pese a las limitaciones tecnológicas y el uso del travelling como elemento narrativo, especialmente relevante en las últimas escenas con plano subjetivo como repaso de los acontecimientos cuando dialogan Brandon, Phillip y Rupert. Junto a esto, es significativo haber sido la primera película a color grabada por Alfred Hitchcock con la tecnología de Technicolor, el trabajo escenográfico con el uso de una maqueta de la ciudad de New York a espaldas de los sucesos, y, por si esto fuera poco, la inteligente estructura desarrollada como escenografía móvil que permitía a la cámara una grabación continua (de 10 minutos) por el set.
A nivel argumental, es interesante la presencia de indicios homosexuales en sus protagonistas (factor especialmente escandaloso para la época) y la relevancia cultural del año en que ésta fue filmada. Es en este último aspecto donde se ubican los alcances esta reflexión.
Al situarnos en 1948 es preciso recordar el panorama cultural, específicamente el filosófico que vivía Europa con la expansión del pensamiento existencialista desde Francia con Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, y Albert Camus, quienes, con la lectura del Superhombre, el Eterno Retorno, la Voluntad de Poder y la Muerte de Dios en Friedrich Nietzsche configuraron, cada uno desde su propia pluma, una serie de consideraciones entorno a la condición humana, la relación esencia-existencia; el sentido y la responsabilidad de la libertad, la voluntad individual y la autenticidad frente a la angustia, como respuesta al fracaso científico y moral por otorgar sentido a la existencia humana. Esto se relaciona con las constantes alusiones directas e indirectas al pensamiento nietzscheano en la película y la contemporaneidad de su rodaje con el Existencialismo.
Por su parte, la figura de Brandon encarna la asimilación de las ideas nietzscheanas y existencialistas si tenemos en cuenta la actitud individualista que celebra, el demérito del valor de la vida ajena por sobre la suya, la búsqueda de autenticidad al encontrar en el homicidio una forma de arte[1], el desprecio por la moral como conservación social y confianza en las instituciones (religión, estado, ciencia) y el abrazo de una moral de las circunstancias. Un individuo al que las emociones oscurecen los hechos. En su maestro, Rupert Cadell, encontramos el fatalismo del choque intempestivo del discurso con la realidad; el descuido de medir sus palabras, la tragedia de vaticinar y describir; aunque sarcástico, una purga como solución de todo problema cotidiano al que conllevan las relaciones sociales.
En esta película, la maestría de Hitchcock podemos resumirla en el hecho de habernos convertido en testigos desde el inicio del film, al tener pleno conocimiento de los victimarios y el destino de su víctima. Redefiniendo el sentido del suspenso, navegamos en las motivaciones y aspiraciones de quienes el absurdo de la existencia los consumía vivos.
[1] Como lo expresa él y Rupert. Lo que recuerda a Robert Bresson con su Carterista (1959) “Michel es un carterista que no roba por necesidad como tampoco lo hace por vicio; no es cleptómano, roba para darse a sí mismo un valor, porque el robo es el medio de expresar sus sentimientos” FILMAFFINITY. (s.f.). Filmaffinity. 8 de Septiembre de 2021, de Pickpocket: https://www.filmaffinity.com/es/film620299.html
Referencias
FILMAFFINITY. (s.f.). Filmaffinity. Recuperado el 8 de Septiembre de 2021, de Pickpocket: https://www.filmaffinity.com/es/film620299.html
Figura I y II.Franco, J. T. (1 de Abril de 2014). Cine y Arquitectura: ‘La Soga’. archdaily.co: https://www.archdaily.co/co/02-349673/cine-y-arquitectura-la-soga
Xus JC. (26 de Agosto de 2017). El asesinato que enfureció a Chicago e inspiró «La soga» de Hitchcock. Obtenido de vavel.media.es: https://vavel.media/es/2017/08/26/historia/820704-el-asesinato-que-enfurecio-a-chicago-e-inspiro-la-soga-de-hitchcock.html

