Durero; Saturno y la Melancolía 500 años después

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«No hay otra imagen humana tan saturada de pensamiento»

José Pioján.

 Al final de un corto pasillo, justo después de entrar a una de las salas que hacen parte del Museo del Banco de la República en Bogotá, hay por estos días un pequeño cuadro que no se distingue desde lejos y cuya aura agrupa las personas que hacen una corta fila o se amontonan tratado de distinguir algo. Y vale la pena procurar verlo bien, con la lupa que cuelga junto él si es el caso, con detenimiento y sin prisa de los minutos, para observar cada trazo, forma y símbolo de este grabado al buril de 1514 hecho por Albrecht Durer (Alberto Durero) y que lleva por nombre Melancolía I.

Mientras otros esperan, una pareja que intenta acercarse primero por la izquierda, luego por la derecha, decide ir a mirar el resto de las obras y regresar después cuando haya menos gente. En el marco de la exposición “Durero: Grabados 1496 – 1522”  se exhiben 113 piezas del más fino detalle que reposan ante la mirada meticulosa de quien se admira por la impecable técnica de matices en planchas de metal a partir del volumen y la profundidad de los delgados trazos que uno a uno van formando el todo de la composición.  Se cuentan dentro de la muestra “El gran carro triunfal de Maximiliano”, “El caballero la muerte y el diablo” la serie “El viacrucis” “La pasión de Cristo”  y  la icónica y recurrida hasta la saciedad “Melancolia I”

6 Fotos en General

En el s. XVI fruto de una larga tradición que comienza con Hipócrates en Grecia, los seres humanos en el pensamiento occidental eramos catalogados según cuatro humores o temperamentos; una persona con exceso de bilis amarilla era irritable, orgullosa, ambiciosa y vengativa, el exceso de humor sanguíneo, que es caliente y húmedo, producía excitación, optimismo y entusiasmo en Primavera. El flemático que era frío y húmedo generaba apatía e insensibilidad en el Invierno mientras que el exceso de bilis negra en otoño convertía las personas en melancólicas, distantes, inactivas y cercanas a la locura de la soledad. La sangre caliente y húmeda, como el aire, aumentaba en primavera, la bilis amarilla, caliente y seca como el fuego en verano, la bilis negra fría y seca como la tierra, lo hacía en otoño.

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La melancolía era entonces una enfermedad, un tipo de locura especial [1] afectada por el terror, el delirio y la imaginación excesiva. Este tipo de problemas, arraigó la concepción del melancólico afectado ya no por la bilis negra, sino por los negros espíritus del más allá los cuales había que expulsar a toda costa y por cualquier medio. Se le sometió si era necesario a torturas pues la tristeza melancólica hacía más fácil la victoria del demonio que se aprovechaba de cualquier descuido para poseer las almas y los cuerpos de los débiles volviéndolos perezosos, desdichados y tediosos.

temperamentos

Durero fue el primer artista que elevó el retrato de la melancolía a la dignidad, la constitución de los afectados no se mostraba ya delgada ni macilenta, la mirada cambió radicalmente de la perturbación a la ensoñación, cambia la pereza por la inactividad, no por acedia. Reflexivo, la pregunta por la realidad pasaría a ocupar la mayor parte del tiempo. Impulsa la experiencia del melancólico y adopta a Saturno, un planeta desterrado, castrado por su hijo y reconocido por su autoridad dentro de la tradición iconográfica como el más viejo de los astros, el más sabio, padre de dioses y seres humanos por igual.

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Entre los primeros elementos que resaltan en el grabado Melancolía I está la figura del ángel con la mano cerrada sosteniendo su cabeza, pensativo, lejano y distante. El gesto del puño cerrado que hasta aquí era un mero síntoma de enfermedad, ahora simboliza la concentración fanática de una mente que ha visto verdaderamente un problema pero que al mismo tiempo, se siente tan incapaz de resolverlo como de desecharlo. El puño cerrado cuenta la misma historia que la mirada vuelta a una lejanía vacía, a diferencia de la mirada gacha que antes se atribuía al melancólico, los ojos de la melancolía miran al reino de lo invisible con la misma vana intensidad con que su mano ase lo impalpable.

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Su mirada debe la extraña expresividad, a la inclinación ascendente de los ojos desenfocados típicos del pensamiento absorto y el blanco relampagueante de sus pupilas en un rostro sombrío y oscuro. Al representar la piel en una sombra, Durero transformó el dato fisonómico en una expresión, en una atmósfera. Tanto el hijo de saturno como el melancólico fuera por enfermedad o por temperamento eran de oscuro semblante, esta idea era común en los textos medievales de medicina, en los escritos astrológicos sobre los planetas y en los tratados populares sobre las cuatro complexiones.

El puño cerrado es además una característica temperamental, un síntoma patológico que expresa un estado de animo reflejado por uno de los rasgos melancólicos-reflexivos como es el de la cabeza recostada sobre uno de los brazos. La significación primaria de este gesto,que aparece incluso en los personajes de duelo en los relieves de sarcófagos egipcios, es de dolor, pero también puede simbolizar fatiga, pensamiento creador o la contemplación poética de filósofos, evangelistas y padres de la iglesia.

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El ocaso y el murciélago están mágicamente iluminados por el fulgor de fenómenos celestes que hacen que el mar del fondo se tiña de fosforescencia. En primer termino parece estar alumbrado por una luna muy alta en un cielo que arroja sombras profundas al crepúsculo altamente fantástico y literal de toda la imagen. El ángel de la melancolía de Durero permanece sentado delante de su obra inacabada, rodeada de instrumentos del trabajo creador, pero cavilando tristemente con la sensación de no llegar nada.

El artista definió y realzó esta impresión de una tragedia esencialmente humana de dos maneras: “mediante la adición de figuras auxiliares, el sopor del  perro cansado y hambriento significa la tristeza abstrusa de un ser totalmente entregado a su comodidad o incomodidad inconsciente, mientras que la obra del pequeño ángel o putto escribiente significa la despreocupada tranquilidad de un ser que acaba de aprender el contento de la actividad aunque sea improductivo.”[2]

Melancolia9El perro según esta tradición, es más inteligente y sensible que otros animales, tiene una naturaleza muy seria y puede ser victima de la locura. Como los pensadores profundos, tienden a estar siempre a la caza, husmeando donde hay cosas e indagando en ellas el motivo. Al fondo del grabado, a un lado del murciélago surcando el firmamento pasa un cometa, se creía que estos venían de Saturno y eran los responsables de las inundaciones y mareas altas, en otras palabras de la humedad.

La corona de laureles tiene su origen en el adorno del homo literatus y por lo tanto le proclama poderes intelectuales a la melancolía, la balanza y el reloj de arena, símbolos de Saturno están asociados con la alquimia, como el color negro y al plomo, metal utilizado inicialmente por estos. Hay también una rueda de molino, uno de los métodos para la obtención de la Gran Obra y emblema de la descomposición por su referencia a las semillas. La alusión al negro está también presente en el rostro del ángel, mientras que la escalera de siete peldaños indica los pasos que debe seguir el iluminado “para buscar los frutos del árbol hermético” Por otra parte, la esfera es la unidad, el Uno-Todo y el poliedro alude a los ángulos, su perfección y  a la geometría como base.

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El ángel pequeño lleva una escarcela que denota poder. El ángel está a medio cubrir por los pliegues bajos del vestido, tiene consigo unas llaves que son de un cofre de caudales, guardia del tesoro, de diferentes puertas. A sus pies están los útiles del artesano-geómetra, un tintero, una esfera, una escuadra, un cepillo, una sierra, una regla y algunos clavos. Pero no se hace nada con ninguna de esas herramientas, el serrucho yace ocioso a sus pies, la piedra de moler con su borde mellado se apoya inútilmente en la pared, el libro descansa en su regazo con los broches cerrados, del romboedro y de los fenómenos astrales nadie hace caso, la esfera ha rodado hasta el suelo.

“El compás se daña por falta de ocupación, la escuadra y el martillo significan la geometría empleada con propósitos astronómicos o metereológicos, el poliedro representa la geometría descriptiva”[3], pues aquí como en muchas otras representaciones contemporáneas es a la vez un problema y un símbolo de la óptica definida junto a instrumentos para medir el tiempo y el peso: la balanza, el reloj de arena y la campana.

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Una de las cosas que más ha llamado la atención de todos los historiadores del arte, cabalista y hasta de Klibansky, es que aparece un cuadrado mágico de orden cuatro, es decir de cuatro filas y cuatro columnas. Aparecen los números del 1 al 16 dispuestos de tal forma que al sumar los números de cada fila da siempre el mismo resultado: 34. Lo mismo sucede si se suman los números de cada columna y de cada diagonal, al igual que la suma de los cuadrados de los números de las dos filas superiores es igual a la suma de los cuadrados de los de las dos filas inferiores. Además, al sumar los cuadrados de los números de filas alternadas da el mismo resultado, también coincide si se toman columnas, la suma de los cuadrados de los números situados sobre las diagonales es igual a la suma de los cuadrados de los números no situados sobre las diagonales y la suma de los cubos también es igual.

Durero es innovador, parece anticipar el barroco por la profusión de formas y el predominio de zonas sombrías, incluye también situaciones en las cuales la razón del ser humano es sometida tanto a consideraciones sobre el mal como a elecciones sobre la ética, la moral y la conciencia. 500 años después el sistema de los cuatro temperamentos se ha visto desvirtuado por el conocimiento cada vez más específico de la medicina, la noción contemporánea de melancolía aun debe algunas de las características tradicionales, pero hace ya referencias a imbricados sistemas psíquicos del ánimo que desembocan en la depresión.

La pareja vuelve, pero aún hay gente frente el pequeño grabado de 31×26 cm, ya han visto los demás así que esperan, el hombre de gafas que estaba se retira, ella coge la lupa y comienza a moverla en su dirección buscando ampliar la imagen, él toma algunas notas, parece que dibuja, dos personas más llegan, se paran detrás de ellos y esperan. Melancolía I es una obra magnética, la sala retoza en destreza, pero todos se congregan en torno a ella, como una de las obras maestras del arte, se comunica en cualquier lenguaje hablándole directamente a quien la interpela, es como si tuviera vida propia más allá del vidrio y el papel que se ve ya arrugado, ligero como un terciopelo, simbólico como un sueño.

 

Luis Felipe Vélez

Bogotá, Octubre 2014

 

Nota:

Las “6 Fotos en General” son propiedad del Banco de Archivos Digitales, Departamento de Arte, Universidad de los Andes.

 

[1] Cfr: FOUCAULT Michael, Historia de la locura en la época Clásica. FCE. 1998 Págs. 30, 299, 352 Tomo I. Págs. 22, 46, 300 Tomo II.

[2] KLIBANSKY Raymond, PANOFSKY Erwin, SAXL Fritz Saturno y la melancolía, Alianza Universidad, Madrid 1991, Pág Pág. 308 Ibid. Pág. 310

[3] Ibid. Pág. 316

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